En los sótanos de las casas europeas funciona un motor patentado en 1816 por un pastor escocés para evitar que los obreros murieran quemados

Desde hace décadas, muchas viviendas europeas esconden en sus sótanos y cuartos de calderas una tecnología que nació hace 210 años, cuando las máquinas de vapor de la Revolución Industrial podían convertirse en trampas mortales para los trabajadores. Su inventor fue un joven pastor escocés que en 1816 patentó un motor con el propósito de ofrecer una alternativa más segura a aquellas calderas que explotaban y provocaban víctimas. Casi dos siglos después, su creación encontró una segunda vida inesperada: transformar los sistemas de calefacción domésticos.

El pastor que quiso acabar con las explosiones. A comienzos del siglo XIX, la industrialización británica dependía cada vez más de las máquinas de vapor para impulsar fábricas, minas y sistemas de transporte. Las deficiencias de los materiales, los problemas de mantenimiento y las limitaciones de los dispositivos de seguridad provocaban explosiones de calderas que podían matar o causar graves quemaduras a los trabajadores. 

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