La gran inundación de París de 1910 dejó una imagen difícil de olvidar: calles convertidas en canales, vecinos desplazándose en barca y el Sena alcanzando 8,62 metros en el puente de Austerlitz. Francia necesitaba impedir que una crecida semejante volviera a golpear la capital y terminó adoptando una solución a una escala gigantesca. A unos 190 kilómetros de París construyó un depósito capaz de almacenar 350 millones de metros cúbicos de agua. El problema era que en el lugar elegido ya había algo: bosques, campos y tres pueblos enteros.
Algo donde guardar agua. El problema no era únicamente el Sena. El Marne desemboca en él antes de atravesar París, de modo que sus crecidas podían contribuir a disparar el nivel del río precisamente donde sus consecuencias resultaban más graves.

