Si alguien hubiera mirado las cimas del Pirineo el 24 de febrero, habría visto algo que no veíamos en los últimos cinco años: nieve, mucha nieve. Ese día, nuestras estimaciones dicen que la cuenca del Ebro tenía en la montaña 2.073,7 hectómetros cúbicos de nieve.
El colchón más grande del último lustro tras el invierno más húmedo de los últimos 47 años. Eran cifras sensacionales y, por eso mismo, nos permitía ser optimistas.

