Aviso de radar, luces de freno y lo que era una carretera con tráfico denso pero fluido se convierte en una procesión de vehículos que viajan 20 km/h por debajo de la velocidad máxima permitida. Y de golpe, adiós al coche que te precede. Pisotón con el pie derecho y conductor que sale disparado. Hasta que llegue el próximo radar y la jugada se repita.
Es lo que se conoce en el argot más popular con el útil y cristalino nombre de: frenazo antes de un radar. O como han denominado en un estudio australiano con el más local: «efecto canguro». Un simpático nombre que define un comportamiento mucho menos simpático.

