Aunque estoy luchando por volver a controlar más dispositivos de casa con botones que con voz, estos últimos años he ido adquiriendo una buena cantidad de bombillas, enchufes, termostatos, aires acondicionados, robots y hasta la lavadora que se controlan con la voz o con el móvil. Son de marcas diferentes, pero prácticamente todos tienen algo en común: una vez que los configuras, si quieres cambiarles el Wi-Fi tienes que volver a configurarlos como si fueran nuevos.
Es un jaleo importante porque ya están a tu gusto, ya se llaman como tú quieres, ya tienen las automatizaciones que tú has definido y, sobre todo, ya están muy dentro de la rutina. Cambiar implica echar una tarde volviendo a conectar todo porque muchos de ellos, cuando te pones a trastear por sus apps, tienen muchas opciones de configuración personalizables excepto la de la conexión Wi-Fi. Es algo que no me explico y que me ha tenido durante un año entero anclado en una compañía y con una tarifa que no quería seguir manteniendo.

