Expulsar a los alumnos por mal comportamiento no funciona como pensábamos. La ciencia propone otra vía

Con la llegada de septiembre, las clases de nuestros centros educativos vuelven a tener vida con un nuevo curso escolar al que exprimir al máximo. Pero con este también llegan los problemas de comportamiento que pueden existir en el ámbito educativo y que de manera tradicional se han sancionado con la expulsión durante varios días del centro con el objetivo de que recapacitaran un poco. Pero lo que se está viendo es que esta no es una medida eficaz, e incluso puede ser contraproducente. 

Lo que se pensaba. Uno de los grandes pilares que se ha tenido siempre muy presente es la «tolerancia cero», haciendo que la expulsión sistemática se haya convertido en la receta por excelencia ante cualquier mala conducta. Y la idea es que, estando en casa, un estudiante podría reflexionar sobre lo que ha hecho, aunque para muchos es un alivio no tener que ir a clase a estudiar y atender al docente. 

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