Esta semana la ciencia se ha llevado una de cal y otra de arena: a falta de la confirmación de la comunidad matemática, parece que por fin hemos averiguado la solución a uno de los siete Problemas del Milenio planteados por el Clay Mathematics Institute. Pero ese «hemos» es más una expresión que la realidad: no ha sido la humanidad, sino la IA de OpenAI. Y con letra pequeña: detrás hay un auténtico culebrón, meses de trabajo humano y miles de agentes.
Escasos días después, 25 de las mentes más brillantes en matemáticas del mundo y que tienen una medalla Fields en su haber (algo así como el Nobel de las matemáticas) han escrito una carta abierta no tanto contra la IA, sino contra esa carrera entre laboratorios de inteligencia artificial por llegar primeros a toda costa y sus modus operandi.

