Cuenta la leyenda que Henry Ford quería regalarle el mundo a la clase obrera. En parte es cierto, pero lo hacía en su propio beneficio. Sin embargo, lo que Henry Ford no soportaba era que nadie le dijera qué hacer con su dinero. En 1919 lo demostró con un farol tan bien montado que aún se estudia en las universidades de derecho.
El objetivo del farol era deshacerse de los accionistas que, según contaba el propio Ford en su autobiografía, «no tenemos sitio para los accionistas que no trabajan». Así que urdió un plan para recuperar el control de su empresa: la promesa de fabricar un coche de 250 dólares, pero fundando otra compañía que le haría la competencia a Ford.

