Hay vida más allá de ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor). La construcción de este reactor experimental de fusión nuclear sigue su curso en la localidad francesa de Cadarache, pero EUROfusion, la organización europea que lidera este proyecto, y sus socios, por el momento prevén que el programa público internacional que impulsa esta tecnología de generación de electricidad no pondrá las primeras centrales comerciales en nuestras manos hasta la próxima década de los 60. Al menos.
En cualquier caso, la iniciativa privada también cuenta. Y podría llegar antes. Mucho antes. De hecho, hay dos proyectos en particular, el de CFS (Commonwealth Fusion Systems), y el de Helion Energy, cuyos responsables han prometido tener reactores nucleares de fusión operativos en pocos años. Suena a ciencia ficción si tenemos presente que esta tecnología se enfrenta a desafíos titánicos, es verdad. La estabilización del plasma a altísima temperatura que contiene los núcleos de deuterio y tritio y el desarrollo del acero que es necesario utilizar para revestir la pared interna de la cámara de vacío son dos de ellos.

