La imagen popular de la contaminación oceánica lleva décadas construida alrededor de bolsas de supermercado, botellas, vasos de plástico y pajitas que abandonamos en tierra y terminan llegando al mar. A escala global esa imagen tiene bastante de cierto: los ríos y las zonas costeras siguen siendo grandes vías de entrada de plástico al océano. El problema es que cuando los investigadores fueron a buscar esos residuos a una de las mayores acumulaciones de basura marina del planeta encontraron una fotografía muy distinta.
La trampa oceánica. La Gran Mancha de Basura del Pacífico no es la gigantesca isla sólida de plástico que su nombre invita a imaginar. En realidad, está formada por enormes cantidades de microplásticos mezclados con objetos mayores que se distribuyen por las aguas del Pacífico Norte, entre Norteamérica y Japón.

