Kobe tenía 18 años y un trabajo de verano en una obra de Sint-Gillis-Dendermonde, a unos 30 kilómetros al noroeste de Bruselas. El proyecto no parecía esconder grandes emociones: junto a otros trabajadores estaban perforando y excavando bajo una antigua cervecería para instalar nuevas tuberías de saneamiento dentro de una reforma destinada, entre otras cosas, a crear viviendas sociales. Entonces aparecieron las primeras monedas entre los escombros.
Al seguir excavando salió algo más difícil de explicar: un lingote de oro.

