La escena parece sacada de una película de Indiana Jones o de un Unchartred, pero es real: imagina bajar por un corredor de unos 13 metros bajo tierra alumbrada solo por una vela, con olor a incienso y un ruido que no sabes de dónde viene. Al fondo, hay un banquete pintado a tamaño natural y a un costado, un demonio azul que parece a punto de entrar en la estancia. Qué yuyu. Pues bien, eso es lo que describe un equipo que ha estudiado la Tomba dei Demoni Azzurri en Tarquinia (Italia): más que un mero enterramiento, es una experiencia sensorial que impone.
Una imponente experiencia sensorial. Maurizio Forte y Jacqueline Ortoleva de la Universidad de Oxford se hicieron una pregunta: ¿qué se veía, se oía y se sentía al entrar a las tumbas etruscas que hay en las más de 6.000 tumbas que hay en la zona central de Italia? Y empezaron descubriéndolo con dos: la del Demonio Azul y la tumba del Gallo.

