Si escuchas a Suzy Welch, la cosa parece clara: el contrato moral que unía estudios, trabajo y estabilidad ya no se sostiene. La profesora (que pertenece a los famosos boomers) recuerda sus años de juventud: por aquel entonces sabía que, casi por inercia, tendría más dinero que sus padres y que, si trabajaba duro, podría comprarse una casa.
Hoy, insiste, esas promesas «ya no están garantizadas». Ese cambio alimenta una actitud más prudente, casi defensiva, en unos estudiantes que comparan sus tristes vidas de hoy con los relatos deslumbrantes de ayer.

