Durante décadas, reconocer una voz era una de las formas más inmediatas de reconocer a un artista. Hoy esa certeza empieza a erosionarse: podemos encontrarnos con canciones que suenan como si estuvieran interpretadas por músicos conocidos, aunque esos artistas no estén detrás de la grabación ni hayan autorizado la imitación. La inteligencia artificial ha abierto nuevas posibilidades creativas, pero también ha hecho mucho más visible un problema que la industria lleva tiempo intentando contener: distinguir qué pertenece realmente a un artista y qué ha sido fabricado para parecerlo.
260.000 avisos y contando. Esa batalla empieza a entenderse mejor cuando miramos las cifras. Sony Music ha contado al Financial Times que, hasta finales de septiembre, había pedido a las plataformas digitales retirar más de 260.000 pistas generadas con IA que suplantaban a artistas de su catálogo. El ritmo se ha acelerado con fuerza: a finales de marzo de 2026 eran más de 135.000 y, un año antes, habían superado las 75.000. Hay una precisión importante: hablamos de solicitudes de retirada enviadas por la discográfica, no de 260.000 eliminaciones que podamos dar por completadas.

