En los últimos años, el mercado de la horchata ha vivido una auténtica revolución sin demasiados precedentes. Hasta hace poco, solo había dos formas de beber horchata: la artesana que vendían en las heladerías (y duraba entre 36 y 72 horas) y la ultrapasteurizada que se vendía a temperatura ambiente en los lineales del supermercado y aguantaba varios meses a la perfección.
Pero llegó la horchata ‘fresca’. Es decir, una horchata con pasteurización suave que se vendía refrigerada y tenía una vida útil de un mes. Fue un auténtico éxito: Mercadona, Lactatis Puleva o Pancah se apresuraron a entrar en una carrera enloquecida por ser la reina de la categoría. Hasta que Món Orxata dijo basta y la carrera se convirtió en una guerra sin cuartel.

