La ciencia ha resuelto el debate sobre la ambición: no es una virtud ni un defecto, sino un arma de doble filo

Históricamente, hemos catalogado la ambición en dos grandes extremos: o es el motor indispensable para alcanzar el éxito y progresar en la sociedad, o es un defecto egoísta que termina por corromper al ser humano. Pero la psicología no es tan radical, sino que cuenta con una postura mucho más pragmática al apuntar que la ambición actúa como un potente amplificador, cuyo impacto real sobre nuestra vida depende de dos factores determinantes como la motivación que la impulsa y cómo afecta a nuestro bienestar emocional.

El origen del deseo. La clave para entender cómo nos afecta la necesidad de llegar a lo más alto radica en diferenciar el motor que alimenta ese comportamiento. Aquí los diferentes estudios en el campo de la psicología dividen a la ambición en dos categorías fundamentales. 

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