Japón y Rusia llevan 81 años viviendo una anomalía diplomática difícil de encontrar en otro lugar del mundo. La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 y ambos países restablecieron sus relaciones diplomáticas en 1956, pero nunca consiguieron firmar el tratado de paz que debía cerrar definitivamente aquel capítulo. El obstáculo cabe prácticamente en un mapa pequeño: cuatro territorios controlados por Rusia y reclamados por Japón. El conflicto parecía condenado a ir apagándose con el paso de las generaciones, hasta que Vladimir Putin decidió este verano hacer algo por primera vez en sus 25 años en el poder.
Cuando la guerra terminó. La raíz está en las últimas semanas de 1945. La Unión Soviética entró en guerra contra Japón y sus tropas ocuparon estas islas alrededor de la capitulación japonesa, incorporándolas posteriormente al territorio soviético. Allí vivían entonces alrededor de 17.000 japoneses, con decenas de escuelas y comunidades dedicadas principalmente a la pesca.

