Está en las oficinas, en muchas casas y hasta en algunas cafeterías: la cafetera de cápsulas se ha convertido en un objeto que desplazó a buena parte de las cafeteras tradicionales. Dejando de lado si logran o no un buen café (yo soy de los que no), la realidad es que el invento ha cambiado por completo el mercado de la cafeína. Todo se lo debemos a Eric Favre.
Todo empezó en 1975. Ingeniero en aerodinámica por la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza, Eric Favre entró en el departamento de ‘packaging’ de Nestlé una vez completó los estudios. Con su esposa Anna-Maria, italiana y gran aficionada al café, viajó a Roma en 1975. Allí se fijó en cómo los baristas preparaban el espresso, sobre todo en cómo el agua caliente se hacía pasar a intervalos por el portafiltros con el café molido.

