Si hoy en día nos topamos con un entelodóntido, el apodo de «cerdo del infierno» le viene perfecto, puesto que nos parecería de lo más acertado. Y es que tener un cráneo enorme, una mandíbula repleta de dientes formidables y un tamaño imponente lo hacía el mejor animal para dominar el paisaje del Oligoceno de hace 30 millones de años. Aquí la península ibérica no fue una excepción a su dominio, pero un nuevo y exhaustivo análisis de los fósiles hallados en nuestro territorio acaba de reescribir lo que creíamos saber sobre ellos.
El estudio publicado en Geologica Acta ha puesto bajo la lupa los restos que se han encontrado de los entelodóntidos encontrados en el yacimiento de Rocallaura, en la cuenca del Ebro. El resultado aquí era claro, puesto que la identidad de estos monstruos prehistóricos ibéricos es mucho más enigmática de lo que dictaba la literatura clásica.

