Un caramelo duro, color ámbar, que cruje entre los dientes y sabe a postre de abuela. Azúcar tostado y yema confitada, aunque los de anís eran mis favoritos. Pues ese sabor estuvo cerca de extinguirse en julio de 2026, cuando la fábrica La Elisa, en Hellín (Albacete), entró en liquidación, con casi toda la actividad paralizada. Era una de las más míticas del país. Pero no todo iban a ser malas noticias, cierres, despidos o desahucios: la fábrica seguirá en pie porque tres empresarios han decidido darle una segunda vida y “cuidar su legado”.
1850. Y tanto, porque la fábrica es antiquísima, de cuando Hellín ya tenía una pastelería llamada Confitería La Esperanza. El negocio pasó al matrimonio formado por José María García Moya y Elisa Arsenal Collados y, en 1905, con Alfonso XIII en el trono, la casa obtuvo el título de proveedora de la Casa Real.

