El 1 de enero de 1899, en el Palacio de los Capitanes Generales de La Habana, el gobernador Jiménez Castellanos tomó la palabra y pronunció la frase que ningún militar español quería pronunciar: «en cumplimiento del Tratado de París […] cesa de existir en Cuba la soberanía española». Arriaron las banderas, marcharon hacia el puerto y se volvieron para la península.
Mirando a Granada. Aquello produjo un impacto descomunal en la España de la época que se haría sentir a lo largo de las décadas. Pero si hay algún sitio al que ese impacto lo cambió de forma radical, ese sitio es Granada. Amplias zonas de las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz; pero, sobre todo, la vega de Granada.

