Vivir a 110 kilómetros del trabajo parece una forma de ahorrar, pero lo que se ahorra en alquiler se paga en coche, en tiempo y en sueño. Aunque hay quien prefiere conducir, como María Inmaculada Jiménez, quien lleva la gerencia de un restaurante en La Cala de Mijas (Málaga), pero vive en Mollina, en el interior de la provincia. Según contaba El Mundo, recorre 220 kilómetros diarios entre ida y vuelta para poder pagar una casa que en la costa no podría permitirse.
Es un caso extremo pero no aislado que en inglés denominan super-commuting. El problema es el de siempre: que la tecnología te permite vivir lejos del trabajo no significa nada en sí mismo. Porque la argolla sigue siendo la misma: salario insuficiente para pagar una casa.

