El pueblo que España sepultó bajo su propia mina: nació en el siglo XVIII y allí se jugó el primer partido de fútbol

Fernando Durán guarda la única llave de un edificio gigantesco y vacío en Huelva. Dentro, una maqueta reconstruye casa por casa el pueblo donde nació, hoy sepultado bajo toneladas de residuo minero. Durán, 42 años después, es uno de los dos o tres supervivientes que aún pueden contar cómo era vivir allí antes de que la mina se lo tragara entero.

Fue la Corona. La explotación moderna arranca en 1725, cuando la corona rehabilita la mina de la mano del ingeniero sueco Liebert Wolters. Por entonces reinaba Felipe V, y fue la administración real la que decidió reactivar unas minas que llevaban siglos paradas desde el fin de la explotación romana. En el derecho minero español de la época, el subsuelo era regalía de la Corona (el «quinto real»): nadie explotaba metales sin concesión estatal, así que Riotinto abrió de nuevo porque la Hacienda Real encargó el proyecto y contrató al ingeniero sueco Liebert Wolters para dirigirlo.

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