Desde que la humanidad aprendió a sacar metales de las piedras, casi siempre la historia de la metalurgia ha ido de la mano del cobre y del bronce. Pues bien, hoy sabemos que sus orígenes fueron más dispares de lo que pensábamos. Es el caso del plomo, uno de los grandes olvidados. En la península Ibérica, la versión clásica lo asociaba a los fenicios, que llegaron hacia el año 1000 a.C., como recuerda la Universidad de Granada. Y bueno, sí y no: en un poblado de Lleida han aparecido trozos de plomo producidos allí mucho, mucho antes.
El hallazgo. Aparecieron en Minferri, un poblado de la Edad del Bronce en Juneda (Lleida), y eran tres fragmentos de escoria de entre 10 y 24 gramos que constituyen la prueba directa más antigua de fundición de plomo en Iberia. Para datarlos, el equipo de investigación analizó una semilla de trigo carbonizada hallada en el mismo silo que uno de los fragmentos, y su radiocarbono la sitúa entre el 1885 y el 1692 a. C.

