Claude ha encontrado en millones de secuencias de ADN un sistema biológico que no había sido caracterizado previamente. Anthropic lo ha llamado ART (Array-associated Reverse Transcriptase o transcriptasa inversa asociada a matrices) y aparece sobre todo en bacteriófagos, que no son otra cosa que virus con la capacidad de infectar a algunos tipos de bacterias. Sí, es el enésimo descubrimiento de una inteligencia artificial (IA). Y con toda seguridad llegarán muchos más. Sin embargo, este hito en biología nos invita a hacernos una pregunta muy importante.
¿Estamos ante auténticos descubrimientos científicos o delante de sistemas extraordinariamente buenos encontrando candidatos que después necesitan pasar por el lento proceso de la ciencia? Las aportaciones que los modelos de IA de frontera ya están haciendo en el ámbito de la investigación científica ponen encima de la mesa este interrogante tan incómodo. Si nos ceñimos al descubrimiento que acaba de hacer Claude, comprobaremos que, una vez más, el conocimiento que ha entregado a los científicos va a desencadenar una nueva línea de investigación.

