Desde el año 1978, China ha destacado por plantar miles de millones de árboles a lo largo de miles de kilómetros para frenar el avance del desierto de Gobi. Sin embargo, este monumental proyecto, conocido como el programa de los «Tres Nortes», se enfrenta a una paradoja ecológica, puesto que en las zonas áridas y semiáridas, la forestación masiva ha provocado efectos hidrológicos adversos, reduciendo drásticamente la recarga de los acuíferos y provocando una disminución en los niveles freáticos.
El dilema del agua. Plantar un árbol para cualquier persona puede ser una grandísima idea, pero la hidrología dicta sus propias normas, puesto que en regiones donde el clima no acompaña, la vegetación actúa como un sistema de extracción constante. Por ejemplo, la revegetación extensiva en lugares como la meseta de Loess, donde las precipitaciones anuales son inferiores a 400 milímetros, está llevando el uso del agua a límites cercanos o superiores a la recarga natural disponible.

