Hace poco visité a unos amigos de veintipico años y me quedé con un detalle curioso: en el salón de su casa tenían una sola planta y no era ninguna de las que llevamos décadas viendo en los hogares de nuestros padres. Lo que asomaba de la estantería era una planta Lego. Un juguete, vamos. Quizás parezca una anécdota, pero conecta con una tendencia detectada hace poco por Circana: los adultos se están convirtiendo en un pilar clave de la industria. Y no porque busquen regalos para niños. Visitan Toy «R» Us o Juguettos pensando en ellos mismos.
Ya hay quien habla del (milmillonario) negocio ‘kidult’.

