En 1923 Einstein hizo un peculiar "tour" por España: pagos desorbitados, fiestas y conferencias que casi nadie entendía

Durante su fugaz pero intenso paso por España, en 1923, Albert Einstein dejó un buen puñado de anécdotas. Algunas son fiables. Otras rozan la leyenda. De todas, quizás la más popular es la que le ocurrió durante su visita a Madrid, la primera semana y media de marzo. Se cuenta que el físico alemán caminaba por la ciudad cuando una castañera, quizás intrigada por el séquito que lo acompañaba, quizás al reconocerlo por su bigote de cepillo y melena alborotada tras ver su foto en los diarios, levantó la voz y celebró su visita con una ovación espontánea:

La anécdota la cuenta el historiador Thomas Glick y se ha repetido hasta la saciedad, pero capta bien la atmósfera que acompañó la visita de Einstein a España: muy poca gente entendía quién era o cuál había sido su aportación a la ciencia universal, pero su periplo por Barcelona, Madrid y Zaragoza generó una atmósfera a medio camino entre el entusiasmo académico y un fenómeno fan que hoy parece reservado a las estrellas pop o los grandes futbolistas.

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