Imagina que vendes libros antiguos, raros o difíciles de encontrar y, de pronto, empiezan a llegar pedidos mucho más grandes de lo habitual. La primera lectura casi invita al optimismo: alguien quiere esos ejemplares y está dispuesto a comprarlos en cantidades que hasta hace poco resultaban excepcionales. Eso es precisamente lo que varios libreros comenzaron a observar durante el último año. Pero había algo extraño en aquella demanda: los pedidos reunían títulos aparentemente inconexos, alcanzaban volúmenes enormes y los compradores parecían mostrar muy poca sensibilidad al precio. La buena noticia empezaba a plantear una pregunta bastante más interesante: quién estaba comprando todo aquello.
Las sospechas acabaron apuntando hacia un tipo de comprador muy distinto al lector tradicional: compañías de inteligencia artificial que buscaban nuevos textos para entrenar sus modelos. En julio, uno de esos vendedores recibió a través de Biblio un pedido de alrededor de 1.000 libros, pero el funcionamiento del marketplace impedía saber quién estaba detrás. 404 Media propuso entonces una forma bastante más directa de averiguarlo: proporcionó al librero un AirTag de Apple, que este escondió dentro de uno de los ejemplares antes de enviar el cargamento. A partir de ahí, solo quedaba seguir su recorrido.

