Desde hace más de 175 años, el país ha buscado una forma de llevar agua al árido sertão del nordeste. La solución no ha sido una presa ni un acueducto aislado, sino una gigantesca red hidráulica cuyo símbolo más visible es el Cinturão das Águas do Ceará, un canal artificial diseñado para transportar el agua del río São Francisco hasta algunas de las regiones más castigadas por la falta de lluvias.
Una idea que nació en el siglo XIX. La historia comenzó mucho antes de que existieran las grandes obras de ingeniería modernas. En 1847 ya se planteó por primera vez la posibilidad de desviar parte del caudal del río São Francisco hacia el nordeste brasileño, una región marcada por sequías cíclicas que condicionaban su desarrollo económico y social.

