Aunque es una tendencia cada vez más a la baja, contratar a programadores en remoto todavía es una práctica muy habitual en las grandes empresas. De ese modo, las empresas pueden contratar al mejor talento, sin tener la limitación de conformarse con los candidatos que viven cerca de una de sus oficinas.
El problema es que, ese candidato de currículum impecable, comprometido con el proyecto y con un perfecto acento de Texas, puede estar cobrando su nómina en Pyongyang, y en realidad ser un agente norcoreano infiltrado con la única misión de recaudar divisas (y algo de información, ya de paso) para su país. Es algo que lleva pasando desde de hace años en las empresas estadounidenses, pero las autoridades de EEUU no consiguen ponerle coto.

