Los agentes de IA nos prometieron un mundo en el que bastaba abrir un chat directo con una IA a la que le podríamos pedir que hiciera todos los recados de la casa, como cuando de niños nos mandaban a por el pan o a comprar leche mientras las mamás se dedicaban a otras tareas más importantes como preparar la merienda.
No habría ni colas ni carritos ni formularios de pago o los aburridos formularios de registro. Solo una orden ¡et voila!. Sin embargo, al relato le faltaba un detalle: preguntar a las tiendas si querían abrir la puerta a estos agentes. Resulta que muchas no quieren.

