No sé tú, pero a mí ir del centro de una gran ciudad al aeropuerto para tomar un vuelo me pone nerviosa, así que acostumbro a planificarlo todo con mucho tiempo por si las moscas: atascos, metros averiados, cercanías que no vienen casi tres años viviendo en Madrid dan para muchas historias y una certeza: ante la duda, tirar del taxi y pecar de previsora.
En mi último viaje a China seguí esta misma estrategia y me aventuré a probar algo nuevo y único: su Maglev. Fui con mucho tiempo de margen y acabé aburrida en el aeropuerto. Es lo que tiene salir a su hora y viajar a 300 kilómetros por hora.

