Dicen que el calor agudiza el ingenio. A finales de mayo, con un episodio de temperaturas excepcionalmente altas para esas fechas, en plena ola de calor, alguien en Salamanca debió de pensar que un patio de luces era un sitio estupendo para montar una piscina. Lo que no tenía a mano, al parecer, era un aparejador. Cuatro meses después, el Ayuntamiento sigue sin encontrar al autor de la idea y ha tenido que recurrir al Boletín Oficial del Estado, que viene a ser como gritar su nombre por la ventana, pero con un distintivo bastante más severo.
Expediente que hace aguas. Los hechos, según recogimos en Decoesfera y Xataka Smart Home, arrancan el 28 de mayo. Ese día Urbanismo recibe el aviso de que hay una piscina en un inmueble de la calle Camelias, en el barrio de Garrido. El edificio es de 1967, tiene cuatro plantas más bajo y, según el expediente, ningún espacio común libre. La piscina estaba en un patio interior compartido por varias comunidades, y fue la de los portales de Fernández Nieto 6-8 la que dio la voz de alarma.

