Mientras muchos vuelven a labrar una y otra vez, esta empresa hace siembra directa desde hace décadas: "el cultivo que no se adapta, no lo hacemos"

En 1857, Ignacio Uranga y Nicolasa Montaner compraron 5.000 hectáreas de tierra unos 40 kilómetros al sur de Rosario, Argentina. La idea inicial era criar ovejas; pero, rápidamente, llegaron las vacas y tras ellas el trigo. Para la década de los 80 del siglo XX, la sobrexplotación del terreno empezó a producir algo curioso: con cada temporada de lluvias, el campo perdía tierra superficial. Si no se andaban con cuidado, terminarían arando sobre piedra.

Fue entonces cuando, desesperados, decidieron hacer algo que era considerado todo un anatema: dejaron de arar.  

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