En diciembre de 2023, un equipo de investigadores encontró un pez en descomposición junto a la balsa de Melendo, un depósito de riego al noreste de Lebrija. Era un siluro y estaba a 12 kilómetros del cauce del Guadalquivir.
No fue una sorpresa, pero solo porque seis meses antes el ADN ambiental de uno de los canales de riego que salen de esa balsa los había delatado. El cadáver era la confirmación de que algo se estaba moviendo, bajo el radar, por el río.

