Japón lleva casi dos décadas buscando la fórmula para frenar una crisis demográfica que vacía pueblos, envejece ciudades y reduce cada año su población. En Toyama, una ciudad que acababa de atravesar una frontera especialmente dolorosa (caer por debajo de los 400.000 habitantes), las autoridades investigan ahora un atajo mucho más sencillo: funcionarios municipales están acusados de haber añadido nada menos que más de 2.000 vecinos que no existían al último censo.
Un agujero cada vez más grande. Lo hemos ido contando. El país alcanzó entonces un máximo cercano a los 128 millones de habitantes y hoy ronda los 123 millones. Los datos del último censo muestran una caída de unos 3,17 millones entre 2020 y 2025, mientras alrededor de tres de cada diez residentes tienen ya 65 años o más.

