No importa lo descabelladas que sean, las teorías de la conspiración suelen funcionar. Mucho. Muchísimo. Funcionaban hace décadas, cuando ufólogos, negacionistas y amantes varios de la paranoia tenían que conformarse con exponer sus ideas en foros reducidos o revistas de tirada corta, y siguen funcionando en pleno siglo XXI, cuando las redes les han dado un altavoz con el que hacerse oír por todo el mundo.
Lo más fascinante es que la conspiranoia no conoce límites: alienta tanto bulos sobre la muerte de Netanyahu como otros sobre la clonación de Biden o si Shakira recurrió o no a una doble para que la suplantara en la inauguración del Mundial. La última teoría disparatada pone el foco en el futbolista brasileño Vinícius Júnior y llega aderezada con platillos volantes, tatuajes de quita y pon y complots de la CIA.

