Hace ya siete meses que Irán decidió cerrar el estrecho de Ormuz, en respuesta a la ofensiva estadounidense e israelí del 28 de febrero. Las consecuencias se han dejado notar en el transporte marítimo, el suministro de crudo y el notorio aumento del precio de los combustibles a nivel global.
Aunque no sabemos cuánto más se prolongará este pulso entre Washington y Teherán ni cómo evolucionará un conflicto que, a día de hoy, sigue en punto muerto, sí tenemos ya una estimación de cuánto podría tardar el mercado en recuperar la normalidad una vez el estrecho vuelva a funcionar a total capacidad. Y no invita precisamente al optimismo.

