Creíamos que Fukushima estaba encerrada en un sarcófago como Chernóbil. La realidad es mucho más compleja

Aunque es habitual pensar que Fukushima tuvo la misma solución que Chernóbil y que todo se resolvió con un colosal sarcófago de hormigón, lo cierto es que la realidad es muy diferente y mucho más compleja. Y es que desde que ocurrió el terremoto que después desencadenó el gran tsunami, hace ya quince años, el interior de los reactores es un tema polémico que a día de hoy sigue despertando cierta controversia.

Lo que pasó. El 11 de marzo de 2011, Japón sufrió en sus costas orientales un terremoto de magnitud 9.0, como cuenta Business Insider. Esta sacudida tuvo como consecuencia un tsunami de olas de más de 10 metros que alcanzaron la central nuclear de Fukushima Daiichi, dando lugar a un incidente peligrosísimo. El agua inundó los equipos eléctricos y los generadores diésel de emergencia, provocando la pérdida de alimentación eléctrica necesaria para mantener la refrigeración. Como consecuencia, tres de los reactores que estaban en funcionamiento de la planta sufrieron fusiones del núcleo y se produjeron diversas explosiones de hidrógeno durante los tres días siguientes, provocando una fuga de materiales radiactivos y contaminación en la zona.

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