Los portátiles convertibles llevan años siendo "los que prometen mucho" del sector. Este es el camino que están siguiendo en 2026

Todavía recuerdo cuando Lenovo presentó el IdeaPad Yoga en 2012. Aquel portátil tenía una bisagra capaz de girar la pantalla 360 grados y, con ese gesto, pasar del formato convencional a otros modos de uso, incluido uno pensado para manejarlo como una tablet. También podíamos colocarlo en modo tienda o dejar la pantalla orientada hacia nosotros para consumir contenido sin tener el teclado delante. La promesa era muy atractiva: tener un portátil para trabajar y, cuando hiciera falta, transformar ese mismo dispositivo en algo mucho más cercano a una tablet.

Han pasado catorce años desde entonces y basta mirar una universidad, una oficina o una cafetería para encontrarnos con que el convertible sigue ocupando un segundo plano. Los datos de mercado ayudan a explicar esa impresión: IMARC divide el sector entre portátiles tradicionales y 2-en-1, y sitúa a los primeros como el segmento claramente dominante. Pero eso no significa que la categoría haya quedado atrás: ha madurado, los fabricantes han refinado la fórmula y siguen apareciendo modelos nuevos. Llegados a 2026, la pregunta interesante es precisamente qué ha cambiado de verdad durante todo este tiempo.

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