El Gobierno de EEUU quiere cambiar el relato. Los incidentes que han protagonizado durante las últimas semanas varios modelos de inteligencia artificial (IA) de frontera, como el ataque a Hugging Face, y la posibilidad de que esta tecnología en el futuro represente una amenaza existencial para el ser humano han dañado la reputación de la IA. La Administración Trump está decidida a resolver de una vez por todas la crisis de confianza a la que se enfrenta esta industria, y su forma de hacerlo es cuando menos peculiar.
El primer paso que ha dado persigue intentar cambiar la forma en que se habla de la IA impulsando la adopción del término ‘superinteligencia’ en vez de ‘inteligencia artificial’. El destierro del adjetivo ‘artificial’ y la llegada del prefijo ‘super’ intentan que los usuarios dejemos atrás la posible desconfianza que despierta una tecnología que todavía genera inquietud y la sustituyamos por una percepción mucho más ambiciosa: la de una herramienta capaz no solo de imitar nuestras capacidades, sino de superarlas.

