Era el primer día de las vacaciones de C. y estaba desaparecida del chat de WhatsApp que tiene con sus amigas. Apareció al final del día y, por supuesto, la conversación se orientó hacia qué tal había ido su jornada inaugural del tiempo de desconexión. «Conste que estoy agobiada», confesó, «porque he decidido meter muchas cosas en el mismo día». Su primer día de descanso y relajación se le había hecho cuesta arriba, casi como uno de trabajo. Estaba repleto de tareas.
Lo cierto es que su experiencia está lejos de ser rara y más bien se está convirtiendo progresivamente en la tónica de las vacaciones y los viajes. En los últimos años, se han publicado estudios que apuntalan la idea de que nos estamos llevando el estrés y el agobio del día a las vacaciones. En parte, es porque sucumbimos ante los rankings y las listas de cosas que se deben hacer, los must. En otra, es porque la cultura de la productividad ha empezado a conquistar el dolce far niente. Cada vez es menos niente y más una gincana de actividades.

