A estas alturas de guion queda claro que la IA necesita un alto consumo energético. Para reducirlo se tiende a mirar al hardware. Se optimizan la eficiencia de las GPUs, de los chips que llenan los centros de datos, de la propia arquitectura de la infraestructura, sus conexiones o su sistema de refrigeración. Pero el software también juega un papel decisivo.
«El hardware consume porque tiene un software que se está ejecutando. Cuando tú ejecutas algo, al final estás tirando de máquina y estás pidiéndole a esa máquina los recursos. Cuanto mejor sea el software y más optimice esos recursos que va a utilizar, más podremos reducirlos. Por tanto, se reducirá el consumo energético», destaca Coral Calero, catedrática de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Castilla-La Mancha.

