Desde 1856, en Kaub, un pequeño pueblo del valle medio del Rin, se anota la altura del río sobre una escala. Y durante 170 años esas anotaciones ha servido para algo importantísimo: decidir cuánta carga puede llevar un barco por la gran autovía fluvial europea.
A finales de septiembre, por primera vez desde que lo medimos, el Rin marcó una altura negativa de -5 centímetros. Solo es es suficiente para meter al continente en una crisis sin precedentes contemporáneos.

