Durante más de una década, comprar un televisor top implicaba una sola cosa: mirar cuál era el tamaño de pantalla OLED más grande que cabía en tu salón. La calidad no se discutía. La tecnología OLED simplemente no tenía rival porque ninguna de las alternativas permitía igualar el control de la iluminación y el contraste que ofrece la capacidad de que cada píxel de la pantalla se apague y se encienda de forma independiente.
Sin embargo, en 2026 el escenario es muy diferente. El MiniLED ya no es una pequeña evolución de las pantallas LED, sino que avanza con paso firme colonizando la gama media y baja con unos niveles de contraste impensable hace unos años, mientras que el RGB MiniLED asalta las gamas altas mirando de frente a un OLED al que han pillado con el paso cambiado.

