EEUU necesitaba barcos capaces de llevar miles de soldados al otro lado del Atlántico y tenía uno extraordinario amarrado en Manhattan: el Normandie, un gigante francés de 313 metros que había sido el mayor de todos los transatlánticos, además de uno de los más rápidos y lujosos del mundo. Tras Pearl Harbor, Washington se hizo con él, lo rebautizó USS Lafayette y ordenó transformarlo a toda prisa en transporte militar.
Sin embargo, a dos días de partir, todo se torció.

