En la década de 1990, una familia recibió unas tierras castigadas durante décadas por la ganadería y la deforestación en el estado brasileño de Río de Janeiro. En lugar de seguir explotándolas, Nicholas y Raquel Locke emprendieron un proyecto que acabaría transformando antiguos pastos en un bosque: durante más de dos décadas se han plantado alrededor de 840.000 árboles autóctonos y restaurado más de 600 hectáreas.
El resultado, como veremos, no solo se mide en árboles.

