En febrero de 1945, un submarino británico encontró frente a Noruega a un U-boat alemán que navegaba sumergido. No podía verlo, apenas podía escucharlo y las armas de la época no estaban concebidas para perseguir autónomamente un objetivo que se movía en tres dimensiones bajo el agua. Después de tres horas siguiéndolo, disparó cuatro torpedos hacia cuatro posiciones calculadas.
Lo que ocurrió sigue siendo el único caso conocido en la historia.

