En la Antigua Roma un hombre bebía agua durante sus campañas contra los cartagineses cuando podía beber el mejor vino. Caminaba descalzo pudiendo calzar las mejores sandalias de Roma, y cuando alguien le ofrecía plata o marfil para decorar su casa, él lo rechazaba con desprecio.
Ese hombre, austero por convicción más que por penurias económicas, llegó a ser uno de los políticos más poderosos de la República. Se llamaba Marco Porcio Catón, aunque ha pasado a la historia como Catón el Viejo.

